INTRODUCCIÓN
Después de 20 años trabajando en el mundo corporativo, Álvaro decidió dejar atrás la empresa a la que entregó 20 años de su vida y apostar por Amazon FBA. En esta entrevista, nos cuenta cómo pasó de una vida agotadora y sin reconocimiento a construir un negocio rentable que hoy factura más de $1M al año.
Hablamos sobre los recursos que emplean estas empresas para manipularte, los desafíos y las secuelas que te quedan de vivir en la carrera de la rata y cómo logró el éxito con la venta en Amazon. Si estás atrapado en el mismo camino que un día transitó Álvaro o buscas libertad financiera, este video te abrirá los ojos.
TRANSCRIPCIÓN
Paco
Hola a todos. Soy Paco y os doy la bienvenida a un nuevo vídeo. Hoy contamos con una eminencia en lo que respecta a la venta en Amazon. Contamos con Álvaro. ¡Bienvenido, Álvaro! Es un vendedor súper exitoso de Amazon y nos va a contar su historia de cómo pasó de trabajar en el mundo corporativo, en una multinacional donde era tremendamente infeliz. Era muy reconocido, pero tremendamente infeliz, donde incluso estuvo adicto a ciertas drogas (que luego comentaremos) y le dio un cambio radical a su vida, empezando a vender online, específicamente en Amazon, y tuvo muchísimo éxito. Nos va a contar su vida y no se va a dejar nada en el tintero.
Así que, ¡bienvenido, Álvaro!
Álvaro
Muchas gracias, Paco, un placer estar aquí contigo. Mucha gente puede pensar que, bueno, que ahora la vida es maravillosa, que todo nos está yendo muy bien, etcétera. Pero no siempre ha sido así. Hemos pasado momentos… yo, personalmente, he pasado momentos muy, muy, pero que muy complicados.
Bueno, efectivamente, yo trabajaba en una multinacional, con oficinas en todo el mundo, ganaba mucho dinero, una empresa que le iba muy bien, tenía una rentabilidad muy buena, muchísimos proyectos, no daba abasto. Cada año crecía un montón: 15%, 20%, 30%. Y, bueno, todo parecía un mundo de rosa.
Estabas en una empresa donde, bueno, te considerabas reconocido. Estuve en esa empresa prácticamente 20 años. Desde prácticamente que se fundó. Estuve un par de añitos fuera, que me fui a otro lado porque, bueno, quería un cambio de oficina. Yo estaba entonces trabajando en Madrid, quería trabajar en Barcelona. Esa empresa no podía hacerme ese traslado, me fui a otra empresa y luego me ofrecieron volver a Barcelona. Volví.
Eso fue en el año aproximadamente 2004, y hasta prácticamente el año 2020-2021 he estado trabajando con ellos. O sea que, entre la primera parte y la segunda parte, pues casi, casi, casi 20 años, de ser… bueno, yo pertenecí a la primera gente que entró cuando se fundó, que éramos, nada, 40-50 personas, hasta lo que se convirtió después: al final ya eran miles y miles de personas.
Pero bueno, todo eso que parece tan bonito, trabajas para una multinacional. Como decías tú: «Oye, volaba a los lugares en business cuando iba en vuelo transoceánico, proyectos en Latinoamérica, en Brasil, qué sé yo, México, qué sé yo, Estados Unidos, Frankfurt, Portugal, Londres, etcétera».
Bueno, puede parecer muy bonito, pero la realidad… la realidad no es tan bonita. No sabía ni decir cuántas horas trabajaba al día. Yo sabía que salía de mi casa a las 7 de la mañana, 7:30 de la mañana; llegaba, cuando estaba en mi oficina en la ciudad, podía llegar a las 8:30, pero podía salir a las 11, 12 de la noche sin ningún problema.
Cuando viajaba, por supuesto, pues a veces viajaba el domingo por la noche, viajaba el lunes por la mañana, no volvía en toda la semana. Trabajaba donde estuviera, de sol a sol.
Y eso sí, luego te das cuenta de que, en este tipo de empresas, nada, nadie te reconoce absolutamente nada. Lo haces porque parece como que es una obligación, es decir, como que, si no lo estás haciendo, quedas mal, como que, si no das todo, que, si no dices a todo que sí, parece como que luego vas a tener, digamos, contraprestaciones, luego vendrá, como suelen decir, «Paco con las rebajas». «Va, compas, no te preocupes, que ya te lo apuntaré», ¿sabes? «Ya te lo apuntaré».
Entonces, bueno, yo empecé en el año 2004 en esta empresa. Todo iba bien, éramos poquita gente, bueno, una empresa bastante controlada, nos conocíamos prácticamente todos y, bueno, había un ambiente pues bastante, bastante agradable.
Según esa empresa fue creciendo, ya se empezó un poquito no a personalizar, sino un poquito más a ser cada uno un número. Por mucho que estuviéramos desde el principio hasta que, cuando ya al final estás un poco en la capa alta de la estructura jerárquica, ya empiezas a molestar, porque ya tú no tienes 25 años, ya tienes 40 y pico años, ya no te pueden tomar tanto el pelo, ya contestas, ya digamos… exiges un poquito también. Pues hombre, yo doy, pero también vosotros, ¿qué me estáis dando?
Entonces ya te empiezas a convertir un poco una mosca. Una mosca que empieza un poquito a fastidiar, y estas empresas… es curioso, porque las personas que trabajan en estas empresas realmente tienen unos egos muy altos, muy altos. Todas estas personas son muy, muy, muy predecibles. Entonces sabes perfectamente por dónde te van a salir. Entonces ya sabes un poquito lo que te puedes ir esperando de ellas.
Paco
Era una consultora, ¿verdad?
Álvaro
Era una consultora. Yo, personalmente, trabajaba para los principales bancos españoles, Santander, BBVA, Caixabank, Sabadell. Para los cuatro principales he trabajado yo para ellos siempre, desde el punto de vista de la consultora.
Pero llega un momento en el que, como decía, pues empiezas a ser un poquito la oveja negra, porque ya llegamos a momentos en los que ya te tienen que hacer capa directiva. «Uy, pero cuando hay capa directiva, ¡ojo, cuidado!, porque ya hay que repartir, hay que repartir». Y si repartimos, pues entonces toca menos a repartir, porque hay que repartir más.
Entonces ya te empiezan un poquito a tocar un poco las narices para intentar forzar que, bueno, que voluntariamente busques otro camino un poquito más interesante para ti.
Paco
Porque digamos que eres una naranja, un limón al que le han sacado prácticamente todo el jugo y ya solo queda la fibra, queda ahí ese resquicio. Dicen: «Bueno, a este le podemos sacar poco y, además, le tenemos que hacer socio». O sea, es malo y malo, porque me toca…
Álvaro
¡Eso es, eso es! Entonces, ya es cuando la cosa se pone agresiva, es cuando ya la gente, pues ya no empiezas a caer tan bien.
Entonces, hay una cosa de estas empresas de la que me río. Y es que todas estas empresas, cuando tú creces, cuando realmente creces en ellas, siempre te venden la película como que es en base a la meritocracia.
La primera de las mayores mentiras que dicen este tipo de empresas. No voy a personalizar en una empresa en concreto. Yo estoy hablando de mi opinión personal, pero obviamente lo podemos extrapolar. No a todas, pero bueno, a gran parte de ellas, igual alguna se salva.
Entonces, todas estas te venden que, como que, no, no, no, tú creces en base a la meritocracia. No te preocupes. Es la mayor mentira que existe en el mundo. Tú creces, realmente creces, porque al de arriba le caes bien y no más. Es historia. Y lo haces mal, da igual. Si al de arriba le caes bien, creces. Lo haces de fábula, te rompes, digamos, el cuerno trabajando, tal, no sé qué… pero no tienes feeling con el de arriba, no creces. Se acabó. La meritocracia no existe, y que os quede muy claro a todos: la meritocracia en este tipo de empresas no existe.
Paco
¿Y entonces de qué depende?
Álvaro
Primero, de que le caigas bien. Lo más importante, de que le caigas bien a la persona que te tiene que defender para que asciendas. Punto. Se acabó.
Paco
Y que quizás no seas una amenaza para esa persona que tiene que ayudarte en la carrera hacia arriba.
Álvaro
Claro. Caerle bien significa, pues, que no seas un obstáculo, que no seas una amenaza y llegues a quitarle de en medio. Y, encima, que, oye, pues, que le rías las gracias, que te vas con él de cervecita y tal, no sé qué. Todo esto, al final, le caes bien. «Oye, pues te voy a luchar ahí por promocionarte, ¿no?». Y cuando no interesas, pues, porque no me caes bien… «Es que, es que no compaginamos, no tenemos feeling y tal». Pues, entonces, directamente te hacen la vida imposible o te quedas ahí pudriéndote del asco, y hasta que decidas irte.
Que, o sea, claro, una cosa es que te fuercen a irte con 22 años, que eres un poco prado, te acojonas un poquito, y otra cosa es que te intenten irte con 40 y pico años, donde dices: «Sí, sí, no… Tranquilos, yo me voy a ir, pero vais a sudar tinta china, y yo me voy a ir como a mí me dé la gana, no como a ti te dé la gana».
Paco
Bueno, porque obviamente ya tienes más tablas. Y luego, que las alternativas de encontrar un trabajo son mucho más bajas.
A lo mejor, si te encuentras ahí en esa franja de 40-50 años, con tu experiencia, sí puedes encontrar algo, la cosa es que la puerta se empieza a cerrar. Claro, eres una persona que cobra mucho, y, a lo mejor, no compensa.
Álvaro
Sí, porque yo cobraba seis cifras, yo tenía un sueldo muy bueno. O sea, yo no me podía quejar de lo que ganaba, ¿vale? Yo no me podía quejar.
Mi problema es que prácticamente el 50% era fijo y el 50% era variable. Entonces, claro, cuando tú, de repente, a tu jefe no le caes bien, llega la época del variable, como me pasó a mí, me dijeron: «Oye, mira, que lo que te digo… que todos los años te hemos pagado un 100 o un 98, un 99, pero este año, que es lo que me pasó en mi último año, pero este año, ¿sabes lo que pasa? Que no has rendido suficiente y te vamos a pagar un 35». Que es lo que me pasó a mí. Un 35% del 50% de tu sueldo es mucho dinero.
Entonces, cuando dices: «Perfecto». ¿Qué es lo que yo dije? «Eres un sinvergüenza, pero no te preocupes, que esto no va a quedar así, por supuesto”.
Entonces, ¿sabes qué es lo que sucede? Este tipo de empresas, además, se encargan, durante toda la vida en la que estás, desde que entras a formar parte de este tipo de empresas, de ir lavándote el cerebro sutilmente, sin que tú te des cuenta, con las mejores de sus armas y con lo que saben que funciona, porque está súper estudiado. Y con lo que saben que a ti te va a llamar la atención, ¿para qué? Para que pases por aro, para que estés sometido a ellos, para que no pienses más allá de ellos y para que pienses que tú, sin ellos, no eres nadie, que no vales para nada y que eres alguien gracias a ellos.
Paco
¿Cuáles son las estrategias que funcionan en el mundo corporativo? Que son estrategias de control de masas, de manipulación, que se saben perfectamente. Pero no solo lo saben las empresas, lo sabe el Estado.
Álvaro
Pero, bueno, es más fácil mirar para otro lado y así tenernos también sometidos, por supuesto, porque, igual que las empresas nos someten, por supuesto, el Estado también nos somete para que no demos guerra. Es un doble efecto, es un doble efecto.
Entonces, el primer punto importantísimo y que hacen todas las empresas: «Vamos a hacer una cena de Navidad todos juntos para hacer piña. Ya verás qué bien lo vamos a pasar». Te hacen una cena de Navidad en un hotelazo, en un restaurante de mucho cuidado, donde probablemente el 90% de la gente no haya ido nunca ni lo haya pisado nunca en su vida. Te dan unas charlas buenísimas de: «Somos los mejores, hemos crecido un 15% gracias a ti, porque gracias a ti somos quienes somos». Motivacional a tope.
Sales ahí diciendo: «¡Wow! Yo ahora me voy a una empresa de tatuajes y me tatúo el logo de la empresa en el pecho. Te lo juro «.
Entonces, ya está. Durante los próximos seis meses ya lo vas a dar todo. Da igual que te salgas a las 12 de la mañana todos los días, 12 de la mañana todos los días, que entres a las 7 de la mañana, que curres 14 horas al día, da igual, porque estás a tope.
Paco
Seis meses vas bien, luego ya vas bajando, vas bajando porque te agotas. Y luego… ¡oh, la siguiente cena de Navidad!
Álvaro
No, la de verano, tenemos la de verano, y antes de ser Navidad, antes de irse de vacaciones, para que la gente vaya a tope.
Paco
O sea, el chute de adrenalina en verano y en Navidad, claro.
Álvaro
Entonces, ya en verano es: «Oye, vamos a cerrar nuestro año fiscal. Oye, mira, hemos crecido un montón, fijaros, hemos abierto oficinas en no sé dónde». Luego, nadie te dice que la oficina es un cuchitril, donde hay una mesa y una silla y no hay nada más. Pero, bueno, pues tenemos 27 oficinas abiertas por todo el mundo y tal. Sí, pero, bueno, una de ellas es más pequeña que mi habitación y no hay nadie, simplemente un tema puramente fiscal y nada más. Porque tienes un proyecto y te interesa tener una oficina fiscal para poder, digamos, facturar a esos proyectos en ese país.
Entonces, vas a esa cena y, otra vez, lo mismo: «Hemos crecido un 20% gracias a ti, porque somos un equipo, porque somos no sé qué…». Y, realmente, yo también lo reconozco… te lo crees. O sea, te lo crees. Y dices: «Estoy en la mejor empresa del mundo, ¿dónde voy a ir mejor donde estoy ahora mismo? Crecimiento, impuesto asegurado porque la empresa va fenomenal, no tiene pérdidas, todo ganancia, ganancia, ganancia… Por lo tanto, no me llegan a mi puesto de trabajo, tengo un puesto muy asegurado, etcétera».
Y claro, pueden hacer contigo lo que les da la gana. «Oye, que mañana te vas a Portugal. Necesito que vayas a Portugal una temporadita, no mucho, no te preocupes» «No mucho, un marroncito que tienes por allí, ¿sabes?» Y tú vas.
Y yo me acuerdo, a mí me ha pasado. «Vete a Portugal, no te preocupes, solo un día a la semana.» Dices: «Oye, pero es que tengo proyectos aquí en España.» «No, no, ves solamente un día a la semana, no te preocupes, simplemente para organizar un poquito aquello.» Y acabas con dos días a la semana. Luego: «Mira, mejor quédate dos.» Cuando estás ahí: «No, mejor quédate tres.» «No, ya que vas… ya que vas, pues quédate toda la semana.»
Y dices: «Oye, tío, esto no me lo has dicho. Me has dicho un día a la semana, porque tengo otras cosas que hacer. Tengo una familia, tengo una casa, que también quiero tener mi vida»
Y luego también hace mucho. Por supuesto, esto no es porque haya salido, lo saben perfectamente, que al final acaban dando cinco días a la semana. ¿Por qué? Porque a mí me han pedido que lo hiciera. «Oye, habla con Pepito, que tenemos un proyecto para él en Colombia. Pero tú dile que son tres meses, porque luego ya le vamos dando largas, y seguro que al final tiramos con él tres años allí.»
O sea, que lo saben perfectamente. Están mintiendo a la gente para conseguir lo que a ellos les da la gana. Por lo tanto, les importas cero, no tienen ningún tipo de afinidad contigo. Lo único que les importa es facturar, que factures, y que el socio gane dinero a tu cuenta, por el beneficio, por el variable y el bonus que tiene por lo que vende.
Eso sin decir, por supuesto, todo lo que se miente a los clientes. «Te voy a poner un tío de cinco años de experiencia.» «Oye, tú, que acabas de entrar, vete al cliente y dile que tienes cinco años de experiencia.»
Y el pobre chaval, con 22 años, con una cara de haber salido de bachillerato…
Paco
Y luego el sufrimiento que tiene ese chaval, teniendo que dar la talla y aparentando lo que no es.
Álvaro
Y al chaval que le están diciendo que mienta. No lo siento, eso no es una forma de proceder.
Entonces, ¿qué me pasó a mí? Yo estaba en el año aproximadamente 2007-2008 trabajando en Madrid. Imagínate, mi mujer en Barcelona y bueno, todos los días fuera de casa. Es cuando me tocó ir a Brasil, tal, no sé qué, trabajando 20,000 horas. Salía todos los días de trabajar a las 12 de la noche, 1 de la mañana, y empecé a tener una ansiedad, un estrés de narices.
Se lo comento a mi jefe y, ¿mi jefe qué dijo? No te creas que dijo: «No te preocupes, tómate unos días más tranquilo», y tal, no sé qué.
Me dijo, así, palabras textuales: «Conozco un psiquiatra en Madrid que te puede venir muy bien, toma si quieres y vete a verla.» Y claro, dije: «Pues me voy a verla.»
Claro, me dio alprazolam, y otra más que no me acuerdo. 2008-2009 estuve yendo al psiquiatra, psicólogo, aproximadamente, con pastillas, como cuatro años. Cuatro años metiéndome basura.
Cuando estaba en Madrid, de repente, en el año 2008-2009, me viene un día mi jefe y me dice: «Tienes que cambiarte a la oficina de Madrid.» Digo: «¿Cómo? Perdona, yo he entrado aquí y estoy en Barcelona, yo no voy a cambiar.» «Ya, pero es que estás gastando mucho dinero en viajes.»
«No es mi problema. Yo estoy en Barcelona, me has dicho que venga a Madrid, estoy haciendo un esfuerzo por venir a Madrid, ¿vale? Por lo tanto, yo no me cambio de oficina.» Y me dice el socio: «Ya, pero te estamos pagando 55 de dietas al día.»
Y le dije: «Mira, no hay ningún problema, yo me vuelvo a Madrid y te quedas los 55 de dietas. Pero si vengo, me las pagas.» Eso lo intentó dos veces. «Me ha dicho el presidente que tienes que venirte a Madrid.» Le digo: «Pues no voy a venir a Madrid.» Y al final le dije: «Haz lo que consideres, pero yo no me voy a venir a Madrid.» Me dijeron: «Bueno, pues te damos un variable adicional para que tú puedas sufragar los gastos y te vengas a Madrid.» Y dije: «Sí, claro, y pasa ese año y el variable desaparece. Y me quedo yo con una mano delante y otra detrás. No te lo crees ni tú.»
Desde ahí, hicieron una pequeña cruz.
Total, que bueno, estaba con pastillas y tal, no sé qué. La verdad es que hecho polvo, además una pérdida de memoria brutal.
Paco
¿Cuántos años de pastillas?
Álvaro
Pues yo creo que estuve como aproximadamente unos cuatro años de pastillas.
Paco
¿Te ayudaban?
Álvaro
O sea, me hacían sentirme mejor, pero notaba un efecto secundario: era la memoria. O sea, increíble. Me metía en una reunión y o apuntaba como un desalmado o, cuando salía, decía: «No me acuerdo de nada. O sea, ¿qué he visto? ¿Y cómo se llama este que estaba a mi lado?» Ni idea.
Me trasladaron a un proyecto en Barcelona, la cosa se tranquilizó un poquito, dejé las pastillas, mi memoria mejoró un poquito. Es decir, me sentía mejor y tal.
Bueno, hasta que volvió otra vez el tema: «Oye, te tienes que ir ahora a un proyecto tal, no sé qué, a Lisboa, a Frankfurt, no sé qué, no sé cuántos.»
Y entonces eso ya fue la última parte de mi carrera laboral, donde, de repente, durante el último año que estuve trabajando, yo tenía mis proyectos en Barcelona, facturando mis dineros y tal, no sé qué. Me dijeron: «Oye, vete a un proyecto a Lisboa.» Le dije: «Ya, pero tengo aquí mis clientes.» «No, solamente un día a la semana, lo que comentaba antes.»
Al final, ¿qué pasó? Se convirtieron en cinco días a la semana. Prácticamente los clientes que tenía en Barcelona los perdí.
Es decir, me pasé a alguien casi totalmente residual, porque había perdido mis clientes en Barcelona, porque les habían dado ya mis proyectos y mis cosas a otras personas.
Paco
¿Tú crees que era una estrategia para quitarme de en medio en algún momento?
Álvaro
Total. Excepto un par de clientes con los que me llevaba muy bien, que no quise que jamás nadie se metiese.
Y el socio me decía: «No, tienes que irte cuando tengas una reunión con el CEO.» «No tienes que irte con Pepito.» Ni de coña. Me iba solo.
Pues volví de Portugal y entonces los socios de Barcelona, que son… no quiero decir la palabra, para que luego no me denuncien. Pero son lo más impresentable que he visto en mi vida. Personas con unos egos absolutamente desproporcionados. Las personas más ineficientes. Paco a unos niveles absolutamente espectaculares. O sea, increíble la ineficiencia que hay en la gran corporación. Increíble. O sea, para hacer algo que te sientas y puedes hacer en 10 minutos, te puedes tirar 3 horas.
Total, me olvidé de Lisboa y, claro, yo estaba un poco perdido porque mis proyectos los llevaban otras personas. Eh, tenía dos cositas muy pequeñitas. Y entonces ya, presión: «Oye, ¿no vendes no sé qué?». Digo: «Bueno, pues voy a hacer una promoción no sé dónde».
«Vale, vete con Pepito». Y yo: «Bueno, pues con Pepito».
Consigo una promoción también en una entidad bancaria. Digo al socio: «Bueno, no me queda más remedio que reportar».
«Socio, mira, tengo que hacer… Tengo una promoción, es un tema muy gordo y tal, no sé qué. Tengo una reunión con el cliente y tal, no sé qué». Me dice: «Ah, voy yo contigo, voy yo contigo». «Vale, vas tú conmigo, pero él no conocía al cliente, yo sí».
Un par de días o tres días antes me dice: «Oye, voy solo». Y yo: «¿Cómo que solo?, no me parece bien». Y me dice: «Bueno, ya, pero soy socio, decido yo». «Bueno, pues vale, va solo».
Me pasa el cliente un documento de un NDA de responsabilidad, para firmarlo. Se lo paso al socio para que lo firme. Y, de repente, me encuentro una copia del documento en la impresora y no lo firmaba el socio, lo firmaba un gerente de la oficina.
Y le digo: «¿Me puedes explicar qué es esto? Me has dicho que vas solo y estoy viendo que lo está firmando otro gerente». Que yo era director. O sea, ¿qué me estás contando? «Este es mi proyecto». Contestación: «Yo hago lo que me da la gana». Digo: «Ya, pero el proyecto es mío». Me dijo: «Mira… ¿sabes por qué no voy?». Y me dice: «Porque hay que firmar un NDA». Y le digo: «¿Y?».
Y me dice: «Yo sé que luego tú se lo vas a contar a todo el mundo y vas a saltarte el NDA».
Y le digo: «Perdona, pero yo no te permito que me digas que voy a cometer una ilegalidad. No te lo permito, seas socio o no seas socio. Me da exactamente igual. No te lo permito».
Obviamente, a partir de ahí, imagínate cómo fue mi relación con esa persona.
Paco
¿Cómo evolucionó eso? Un poquito dándole velocidad… Hasta que terminó. ¿Y luego cómo cambiaste?
Álvaro
Iba peor. Es decir, el socio, luego, empezaba a reunirse con mi equipo sin mí, por ejemplo. Me aportaba, me decía: «Tienes que hacer esto para la semana que viene». Y de repente me decía: «No, mejor el viernes». «Ya, pero es que todavía me falta…». «Bueno, pues para el viernes lo necesito». Y me quedaba currando igual hasta las 12 de la noche. Y él: «No, no tengo tiempo para verlo. Lo vemos el martes que viene».
O sea, era así. Marrón tras marrón. Pinchando, pinchando.
Yo ya, en ese momento, tampoco me cortaba un pelo, pero no me cortaba un pelo por mail. ¿Por qué? Porque todo quedaba por escrito. Y como sabía que ellos tenían un ego absolutamente desproporcionado…
Paco
iban a responder sin medir.
Álvaro
Correcto. Bueno, total, que llegó, obviamente, el momento de la subida de la variable, del pago de la variable y tal, no sé qué, no sé cuántos. Y me dice: «35 % porque este año no has dado la talla». Y le digo “ya he cumplido todos los objetivos». Me dice: «Sí, pero podías haber hecho más». Digo: «Entonces, ¿para qué están los objetivos? Mira, ¿sabes lo que te digo? Que eres un impresentable».
Le llamé al socio de Madrid. «¿Sabes lo que te digo? Que este tío es un auténtico…». Le dije de todo. Lo más bonito que le dije fue «impresentable». Dije: «Y esto, que sepas que no va a acabar así».
Yo ya llevaba cuatro o cinco meses yendo todas las semanas al psiquiatra. todas las semanas, al psicólogo. Llegaba a la oficina con un nivel de ansiedad, un nivel de depresión, que lo primero que hacía era meterme en mi despacho, me cerraba la puerta y me echaba una llorera de narices.
Y dije: «Se acabó. Hasta las 7 de la tarde, y a las 7, me piro por la puerta.” Esto fue como a mediados de julio. Llega el 31 de julio. Me pido de vacaciones. Por supuesto, en vacaciones: «Hay que hacer esto, hay que hacer esto otro, hay que hacer no sé qué…». Y tal, no sé qué. Hasta que dije: «Se acabó. No hago nada más». Apago el móvil.
Contraté a un abogado para ver qué se podía hacer. Le pasé toda la documentación. Me dijo: «No te preocupes. Esto está hecho». Yo estaba en psiquiatra, psicólogo, etcétera. Volví de vacaciones y me fui a trabajar.
Cuatro días de absolutamente infierno. Cada vez que entraba por la puerta, ni me miraban ni me saludaban. Cada vez que el socio se reunía con el equipo, a mí no me llamaba. Y yo era responsable de esos equipos.
Hasta que al cuarto o quinto día dije: «¿Sabes lo que te digo? Que no me he pillado una baja en mi vida en veintipicos años, me voy a pegar una baja un poco larga». Yo estaba desecho. Realmente, estaba hecho polvo.
Me fui al médico, a la Seguridad Social. Y me dijo la tía: «Bueno, tú estás hecho un Cristo». Fui con los informes del psiquiatra, del psicólogo.
Paco
Además, yo recuerdo que en aquella época estabas gordo como una bola. Porque tenías una ansiedad de caballo y estarías todo el día comiendo porquería por ahí.
Álvaro
85 kg pesaba, ahora peso 71. Hecho polvo, por supuesto. Cada vez que iba a casa a dormir, una ansiedad de narices, unas palpitaciones en el pecho, una ansiedad… Me tenía que levantar por la noche, a veces, igual a las 2 de la mañana, me vestía y me iba a la calle a dar un paseo porque no podía de palpitaciones en el pecho de un estrés que no podía, me iba a dar algo.
Y la verdad es que esto fue gracias a mi mujer. Porque yo aguantaba todo, o sea, yo aguantaba carros y carretas, y mi mujer, un día como en mayo, me vino y me dice: «Oye, ¿qué te pasa? Llevas tiempo que estás hecho polvo.» Y nada, es cuando empezamos a buscar abogado. Ya me ayudó muchísimo en todo esto, muchísimo, muchísimo, muchísimo. Abogado y tal, y nada. Me cogí la baja, y a partir de esa baja, pues abogado. Empecé ahí, un año entero de baja.
Paco
De pelea, un año entero de pelea. Porque después de la baja negociaste una salida.
Álvaro
Bueno, yo después de la baja estuve como 8 o 9 meses sin dar señales de vida. Me llamaba, me llamaba un montón de gente de la empresa, muchísima gente me escribía, tal. Me dijo tanto el psiquiatra como el abogado: «No contestes a nadie, absolutamente a nadie.» Y, además, incluso no tenía el móvil. Yo dejé el móvil por ahí tirado, lo metí en un cajón y se acabó. Yo no tenía móvil, no quería saber nada de nadie y tal.
Hasta que, bueno, me recuperé un poquito, me fui recuperando un poquito y tal. No, va de estar más tranquilo. Al principio me sentía mal porque yo nunca había estado en el trabajo sin móvil. Incluso yo me iba de vacaciones y me iba con el móvil, o sea, todo el día. Y al principio, pues, «Joder, si me escriben, si me llaman, no sé qué y tal, no sé qué». Estaba preocupado. Todavía yo estaba ahí con el cerebro lobotomizado por ellos, lavado por ellos. Y todavía encima, encima, estaba pensando: «Joder, tío, no sé qué y tal». Estaba preocupado, hasta que ya poco a poco fui entrando en razón y tal, no sé qué. Y hasta que, bueno, llegó un momento en el que… Porque yo no sabía cómo iba a suceder esto. Si íbamos a acabar en juicio, no íbamos a acabar en juicio, si esto iba a ser amistoso… Entonces tenía que estar un poco, mentalmente, un poquito más fuerte.
Bueno, hasta que el psiquiatra me vio bien, el abogado me vio bien, y me dijo: «Ha llegado el momento, se acabó.» Yo no supe nada más de ellos. Mi abogado se puso en contacto con la empresa y, al momento, la empresa me dijo: «Vale, pues, ¿cuánto quieres?». Me intentaron negociar y le dije: «No, esto no es una negociación, esto es una imposición, esto es una exigencia.» Me pagaron y me largué.
Pero mientras yo estaba de baja, fíjate cómo son las empresas, que ya sabían perfectamente por qué estaba de baja, y ya sabían perfectamente que el tema no estaba bien, y sabían perfectamente a dónde iba a derivar.
Me llama un día mi jefe de Madrid, con el que había estado, ojo, ¿eh?, que había estado desde el año 2007 con él, que me conocía perfectamente, que había hecho millones de proyectos para él, y donde siempre me había pagado un montón y me había dicho en muchas ocasiones incluso que era el mejor gerente y mejor director que tenía. Me llama un día y, conmigo, no habló, habló con mi mujer: «Que mira, lo siento, Álvaro, a ver si se recupera y tal.» Tío, como preocupado. Todo mentira, por supuesto. No, y tal: «Mira, que si está mal, que si está mal, que no se preocupe, que cuando vuelva le buscamos otro empleo, le buscamos un trabajo en otro lado.»
En vez de decir: «No te preocupes, vamos a ver cuál es el problema, lo solucionamos internamente para que no vuelva a suceder.» No. Me dijeron: «No te preocupes, que te buscamos otro empleo en un cliente, ¿vale?», y así nos lo quitamos de encima gratis. Pero claro, uno ya tiene 40 y pico años y dije: «Lo tienes claro, chaval. Claro lo tienes claro. Vas a apoquinar aquí, pero hasta el último céntimo.» Y así fue. Apoquinar hasta el último céntimo.
Y, como se suele decir, hay un dicho muy bueno que se suele decir, que es: «Muerto el perro, se acabó la rabia.»
Paco
Ya. Aunque puede parecer como que estás siendo quizás un poquito agresivo, desde el punto de vista de tus palabras y de cómo gesticulas y tal.
Álvaro
No. Agresivo fue en su día, ahora estoy siendo muy moderado, porque ahora tengo una felicidad plena.
Paco
Lo que es importante que la gente sepa es que eres una persona estupenda, buena, generosa, tranquila, dócil, amigo de tus amigos. Y claro, ya te llevaron hasta tal punto, ahí en el arrecife, al límite, que es que no te quedaba otra manera. Porque si no, o morías o sobrevivías.
Entonces, a ese límite tiene que llegar una persona, a sacar quizás lo peor de sí mismo para poder sobrevivir en ese ambiente, en ese corporativo que nos venden, que es un mundo maravilloso donde vas a crecer. La meritocracia, como tú dices, que va a ser la bomba, maravillosa, y vas a ser super feliz y vas a poder conseguir todos tus objetivos de la vida.
Nada más lejos de la realidad. Porque si entras en ese mundo, bueno, puedes tener suerte de vez en cuando toca la flauta, pero, en general, muy rara vez sale la cosa bien sin mucho sufrimiento.
Álvaro
¿Sabes lo que pasa también? Que, claro, ¿por qué llega esa situación? ¿Por qué se termina todo? Porque yo, durante toda la vida, había sido muy dócil. Todo que sí. «Vete a Lisboa mañana.» «Ningún problema, me voy al día.» «Vete a no sé qué.» «Oye, sí.» Todo sí. Y es uno de los puntos que me dijo el psiquiatra: «El problema que has tenido es que has dicho a todo que sí, y no, en la vida hay que decir que no a muchas cosas para que te respeten.»
Paco
Y luego hay una cosa, que cuando hacen entrevistas este tipo de corporaciones, saben perfectamente a quién contratan. Porque en las entrevistas, si a ti te ven… Tú puedes ser el mayor crack de la historia, y además el currículum, papeles, notas, todo lo que tú quieras. Te hacen una entrevista y ven que tienes un atisbo de que quieres ser emprendedor, que quieres llegar lejos, que quieres hacer cosas, tal. Dicen: «Uy, este no. Es muy bueno, muy bueno, pero no me conviene.» ¿Por qué? Porque no es sumiso. Porque, tarde o temprano, más pronto que tarde, va a empezar a hacerse preguntas. Va a empezar a decir: «Eh, a ver, que es que esto no es lo que yo había firmado.»
Entonces, tú, que eres un santo beato, que yo te conozco desde que eras pequeño, aguantaste 20 años cosas que la gran mayoría de la gente no aguanta. Pero claro, ya te empujaron ahí, hasta el límite de la mesa…
Paco
Realmente tú piensas que estás en la mejor empresa del mundo, que no sabes hacer nada más, ¿Y a dónde vas a ir? ¿A dónde voy a ir yo ahora? Bueno, pues voy a ir a ser mucho más feliz. Realmente. Dejé las pastillas y no me ha vuelto a dar ni un ataque de ansiedad, ni unas palpitaciones en el pecho. Duermo como un lirón. O sea, duermo espectacularmente bien.
Ojo, trabajo un montón también, pero trabajo para mí, a mi ritmo, cuando me da la gana. Y nos vemos en Punta Cana cuando nos dé la gana, sin tener que dar cuentas absolutamente a nadie.
Paco
Cuenta en 5 minutos cómo cambiaste el chip y cómo cambiaste de vida, y a qué te dedicas ahora.
Álvaro
En mi caso, por ejemplo, cambias porque te obligan a cambiar, porque te llevan hasta, como decías tú, al precipicio, que dices: «No me queda más remedio”. O sea, me estás forzando tanto que no me queda más remedio, porque hay momentos en los que realmente piensas, bueno, aquí voy a acabar toda mi vida.
Yo también empecé a tomar un poco de perspectiva cuando empecé ya un poco a lavar un poco mi cerebro y decir: «Oye, ¿realmente yo quiero ser de mayor como mi jefe?» Y entonces digo: «¡Ni de broma quiero ser yo mayor como mi jefe!»
Entonces, bueno, pues a partir de ahí dije: «Se acabó. Esto ya se ha acabado. Es un capítulo aparte.» Obviamente, a día de hoy, todavía, después de que han pasado ya unos cuantos años, son 20 años de aprendizaje. Son 20 años de meterte cosas en el cerebro. No se quita de un día para otro. Es decir, no se quita de un día para otro.
Y hay momentos en los que dices: «Ostras, todavía tienes pesadillas por las noches o lo pasas un momento mal, pero bueno, decidí que tenía que cambiar mi vida y lo que hice fue: «Pues venga, Amazon.» Amazon es un mundo totalmente apasionante, espectacular.
Paco
Pero bueno, tú y yo, cuando lo hablábamos, que todavía estabas en esa fase de, digamos, de dejar el trabajo, y yo te lo contaba, tú no dabas dos duros por ello. Es decir, no te lo creías. No sé qué te pasaba por la cabeza. Tú dirías: «Bueno, pero este Paco ¿A qué se dedica? ¿A vender cachivaches?»
Álvaro
Totalmente, Este no sabe qué hacer con su vida y está aquí vendiendo ahí cuatro chorradas para pagarse un café al mes.
Paco
Pero es curioso que nos conocemos de toda la vida y yo te lo decía, y tú, aun así, porque habías sido programado para estar en ese mundo corporativo, no era posible para tu cerebro admitir o asumir que había vida después la muerte. Es decir, que hay gente que se puede dedicar a otras cosas y trabajar desde su casa.
Álvaro
Correcto, correcto. No, porque me pagaban bien. Estaba… se suponía… Yo pensaba que estaba en la mejor empresa del mundo y, por defecto, todo fuera de ese espectro, todo lo que hay fuera de ese espectro, no vale nada. Es una porquería.
Incluso, había gente que luego se iba y se iba a otro sitio. Y decía: «Jo, estoy mucho mejor que antes. Estoy súper contento ahora.» Y tú decías: «¡Imposible, es imposible! Te has ido de la mejor empresa del mundo y te has ido a donde sea.» Que da igual, que ya no es la mejor empresa del mundo, y ahora dices: «Pero ¿cómo pude decir yo esa cantidad de tonterías?» En aquel momento, ¿sabes? Estaba en la peor empresa del mundo, sin ninguna duda, o por lo menos en una de las peores del mundo.
Lo que pasa que, bueno, ellos trabajan para lavarte el cerebro y tú, pues, obviamente está muy estudiado y tú te lo vas tragando todo.
Paco
¿Qué hiciste para esa transición? Rápidamente, es decir: «Eh… Oye, Paco, no creo lo que me estás contando. Ah, bueno, le voy a dar una oportunidad. Vamos a ver qué pasa.» ¿Y hasta dónde llegaste?
Álvaro
Bueno, el primer punto, es decir: «¿Qué hago ahora con mi vida? ¿Qué hago ahora? Algo hay que hacer. Y dije: «Jo, voy a buscar trabajo, empezar a trabajar para otra corporación? ¿Otra multinacional? ¿Otra empresa? ¿Otros jefes? Ya con 40 y pico años…» Digo: «¡Ostras! Yo ahora no puedo meterme otra vez en este tinglado. O sea, es imposible meterme en este tinglado.»
Tenía dinero porque, realmente, bueno, había ahorrado también y, obviamente, me habían pagado bastante bien cuando me fui. Y dije: «Bueno, pues Paco me está hablando de este tema, estoy viendo sus cifras, ¡tienen buena pinta!»
Porque hazte cuenta que yo estaba dispuesto a cualquier trabajo, aunque sea ganando la mitad. Pero mucho más tranquilo.
Y yo decía: «Voy a meterme en Amazon. Aunque gane la mitad, me da igual. Lo que quiero es tranquilidad.» Entonces, empecé a formarme en la formación de Libertad Virtual. Espectacular, tengo que decirlo, realmente espectacular.
Y dije: «Pues vamos a probar en vender cachivaches en Amazon, sin mucha esperanza, tengo que decir, sin mucha esperanza. Pero mientras veo qué hago con mi vida, voy tirando un poquito para adelante”. Creo un producto el 20 de octubre del 2020. Lo pongo a la venta el mismo día y digo: “¡si se ha vendido!»
Ojo, eh, porque yo, mi autoestima, por los suelos. Yo no era capaz de hacer nada más. No valía para absolutamente nada. Y digo: «¡que se ha vendido una unidad! ¡Tú, esto es de locos! ¡Estamos locos! Esto es casualidad, es casualidad, es casualidad. Hay un loco por ahí que ha entrado a Amazon, perdido de la vida…»
Llegó el 14 de diciembre ¡80 ventas! Solo tenía un producto ¡80 ventas, tío! ¡Pues estamos locos! ¿Pero qué es esto? Por supuesto, me quedé sin stock. Pues esto parece que sí funciona.»
Paco
Pero aun así pasaste muchos meses que me llamabas por teléfono y seguías sin creértelo. Es decir, daba igual la cantidad de unidades que vendieras, que seguías pensando que esto… Estabas en un vórtex de negatividad tan grande que ni tú mismo te lo podías creer.
Entonces, todo era: «No puede ser, no puede ser.» Estabas viendo la luz y decías: «No, tiene que haber oscuridad”.
Álvaro
Sí, no, esto es navidades y tal. Bueno, pues navidades, se ha vuelto la gente loca y tal, y ya está.» «Pero esto no. Esto es simplemente, pues, para sacarte así un dinerillo, para tomarte unos cafecillos y ya está.»
Porque realmente no te lo crees. Porque realmente tienes el cerebro tan, tan hecho polvo, tan hecho polvo…
Paco
Desde que somos pequeños nos han enseñado a que tenemos que trabajar para alguien. ¿Por qué? Porque, poco a poco, desde cuando eres pequeño, que eres todo… son posibilidades, te van poniendo los límites.
«Tú por aquí no pases. Tú por aquí no, eh, chaval. Eso, cállate. No digas eso. Eso, no sé qué.»
Todo, todo obstáculos, obstáculos, obstáculos, obstáculos, obstáculos, hasta que luego también llegas al trabajo, llegas a los 40, 45 años y te han dejado el cerebro plano total. Entonces, ¿cómo te puedes recuperar de eso? Un trabajo hercúleo que muy poca gente es capaz de hacer.
Resumiendo, y acabando: A día de hoy, ¿cuánto estás facturando en Amazon?
Álvaro
Esta vez, facturar más de un millón de euros.
Paco
¿Trabajas desde casa?
Álvaro
Trabajo desde casa.
Paco
¿Coges vacaciones cuando quieres?
Álvaro
Correcto, aquí estamos.
Paco
¿Cuántas horas trabajas al día en tu cuenta de Amazon?
Álvaro
En mi cuenta de Amazon, entre una y dos.
Paco
Y, además, eres mentor de Libertad Virtual.
Álvaro
Y además soy mentor, que ahí sí que meto unas cuantas más horas. Entonces no solo tengo ingresos por mi cuenta de Amazon, sino también tengo ingresos por Libertad Virtual.
En definitiva, yo estaba dispuesto a cambiar mi vida por ganar muchísimo menos, pero he cambiado mi vida por ganar muchísimo, muchísimo más que antes. Déjame contarte dos anécdotas muy interesantes que creo que son muy importantes para la gente.
Cuando ya está dedicada al mundo de Amazon, me fui a una feria en Madrid, se llama el FBA Show, que es una vez al año en Madrid y una vez al año en Barcelona. Y estando en la feria y tal, iba más feliz que ni sé. Bueno, es en Madrid, pero de Amazon. Pero también hay tecnología, hay un montón de cosas, me encuentro con un antiguo cliente mío con el que estuve trabajando hasta el día que me fui.
¡Hombre! ¿Qué tal? ¿Cómo vas, Álvaro? Digo: Muy bien, ¿y tú? Y me dice sin yo decirle nada: te veo muy bien, ¿eh? Y le digo: Bah, como siempre. Me dice: No, no, de eso nada, chaval. Antes estabas demacrado, hecho polvo, eras como un zombi. Ahora emites una energía espectacular, te veo estupendo.
Te juro que esas palabras las recuerdo todos los días desde que me lo dijo. ¡Increíble, sabes!
Paco
Me lo creo perfectamente porque yo, que te conozco de toda la vida, sé cómo estás ahora mismo.
Álvaro
Y la segunda anécdota, muy rapidito. El otro día, bueno, hace ya unos meses, me metí en LinkedIn y vi que una empresa multinacional, que había contratado a 500 personas recién salidas de la carrera y los llevaron a todas a un auditorio, a un teatro, para darles el speech de bienvenida: “Estáis en la mejor empresa del mundo”, y tal. Sale una foto desde el atril, donde estaban dos o tres, supongo que, de recursos humanos, bien vestidos y tal, con traje, corbata; las chicas también, todas guapas, elegantes. Y detrás se veía a las 500 personas, todas con camiseta amarilla.
Paco
Son sectas.
Álvaro
Esto es una secta. O sea, la foto era de una secta. Tú súper bien vestido, las chicas súper bien vestidas, y detrás, todo el rebaño con una camiseta que les habían dado para que todos fueran iguales.
Y digo: “Esto es una secta”. Me impactó muchísimo esa fotografía. El que está en esa empresa ya sabe de cuál estoy hablando.
Paco
Eso es parte del conocimiento de la mente del ser humano, porque ellos saben perfectamente cómo funciona. El ser humano quiere pertenecer a algo, a una comunidad, quiere relacionarse, quiere sentirse valorado y necesita ese contacto. Muy poca gente quiere ser un lobo solitario, porque eso es muy duro. Pero, poco a poco, tú y yo, que ya estamos muy mayores… Bueno, no tanto, pero con experiencia. Ya te vas dando cuenta de que, si quieres conseguir algo en la vida, en general, tienes que ir casi siempre en contra de la corriente. Es decir, que, si la masa va para allá, tú vas para acá. Si van para la izquierda, tú para la derecha.
Muy pocas ocasiones merece la pena ir con la masa, porque en general, siempre, siempre, siempre ganas cuando vas en contra de la masa. ¿Por qué? Porque la masa va en una dirección. Nunca es casualidad. La masa va en una dirección porque alguien quiere que vaya en esa dirección.
Entonces, aunque no sepas qué es lo que está pasando, te tiene que oler a chamusquina y decir: “A ver, mira, a lo mejor no quiero ir en la dirección contraria, porque puede que me estrelle. No hagas nada, espera a ver qué pasa, tranquilo, porque te puedes meter una castaña monumental si vas en la misma dirección”.
Así que, bueno, no queremos ser demasiado pesados. Yo simplemente quiero cerrar diciendo que te veo en el mejor momento de tu vida. Creo que no te he visto mejor desde el colegio, cuando éramos chavales. Sin duda, totalmente. Antes eras un chavalín, todo delgado, todo guapetón.
Y estás bien desde el punto de vista del trabajo, desde el punto de vista de la familia.
Álvaro
Eso es un tema muy importante también, por supuesto. Antes no veía a mis hijos ni a mi mujer. O sea, era como un espectro ahí, un fantasma que llegaba por la puerta. Y me decían: ¿Quién es? Ah, tú, ¿quién eres? Ah, sí, que tú vives aquí, ¿no?
Ahora no. Ahora, por las mañanas, mis hijos se van al cole, estoy en casa, les doy el desayuno, etc. Mis hijos vuelven del cole y estoy ahí con ellos. Mi mujer viene de trabajar y estoy ahí. Y, por lo tanto, ya noto la relación con mis hijos, que no tiene nada que ver. Absolutamente nada que ver.
Paco
Y te lo dice tu mujer, además.
Álvaro
Y me lo dice mi mujer, además. No tiene absolutamente nada que ver. Eso es muy importante también, porque no todo es trabajo. La familia es lo más importante que hay.
Paco
La familia es lo más importante, por encima de absolutamente todo. Es el pilar tuyo personal y el pilar de la sociedad.
Cerrando esto, Álvaro, muchísimas gracias. Tu mejor momento.
Seguimos aquí en Punta Cana. Quería decir que tu mujer te ve… Se me iba la onda, te quería decir, pero antes de terminar, que tu mujer te ve tanto tiempo en casa, tanto tiempo en casa, que cuando yo te digo: Oye, Álvaro, vámonos a Punta Cana. Te coge, te da una patada y te dice: Oye, lárgate con Paco.
Álvaro
¡Sal un poquito de casa, que estás todo el día trabajando! Venga, tira para fuera.
Paco
Totalmente.
Álvaro
Estamos aquí diez días. Oye, ¿y tu mujer qué te ha dicho? No, tranquila, ya me he encargado de todo. Antes me hubiera dicho: Si estás todo el día fuera de casa, no te veo ni en pintura. ¡Ostras, por favor! ¿Tú a dónde vas?
Pero porque ve, precisamente, que he cambiado tanto y que estoy tan bien ahora con este modelo de negocio, que para mí es un hobby. No es un negocio. Para mí, esto es entretenido, no, lo siguiente a entretenido.
Entonces, me ve también con este buen negocio que ya quiere lo mejor para mí. Me dice: Vete donde haga falta.
Paco
Está claro. Nada, Álvaro, muchas gracias.
Álvaro
Un placer.
Espero que os haya gustado el video, y para todos aquellos que queráis aprender más sobre el mundo de Amazon, os animo a que echéis un vistazo a mis cursos, sin más que decir ¡Muchas gracias y hasta la próxima!
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